Dentro de las rutinas de ejercicios que realizamos, podemos distinguir dos tipos:

  • Según la forma en la que nuestro cuerpo obtiene la energía; en el ejercicio aeróbico se necesita oxígeno y en el anaeróbico no se necesita oxígeno.
  • Según la intensidad; en el aeróbico baja o media y en el anaeróbico alta.

La mejor forma de medir esta intensidad es a través de las pulsaciones. Para ello hay que restar a la máxima cifra que aguantaría un corazón sano, 220 pulsaciones por minuto, la edad del deportista en años. Se consideraría un ejercicio aeróbico suave si se realiza en el rango del 55-60% del resultado de la resta anterior, ejercicio aeróbico moderado entre el 60-75% y aeróbico fuerte aquel realizado a 75-85%. Una vez superada esta cifra el ejercicio se transformaría de inmediato en anaeróbico.

  • Según el tiempo empleado, mientras que los ejercicios aeróbicos tienden a ser de larga duración, los anaeróbicos no.

En función de estas características, se entiende por qué los ejercicios aeróbicos están recomendados para quemar grasa y los anaeróbicos para tonificar el cuerpo. Intervienen siempre los dos, pero predomina uno de ellos sobre el otro.

Ejercicio aeróbico

Fuente Pinterest

Ejercicios de media o baja intensidad y de larga duración, donde el organismo necesita quemar hidratos y grasas para obtener energía y para ello necesita oxígeno. Correr, nadar, ir en bici, caminar, etc. Se suele utilizar a menudo para bajar de peso saludablemente facilitando la eliminación de grasas, ya que con este tipo de ejercicio se quema grasa; y, al necesitar mucho oxígeno, el sistema cardiovascular se ejercita y produce numerosos beneficios.

Ejercicio anaeróbico

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Ejercicios de alta intensidad y poca duración, para los que el organismo no  necesita oxígeno porque la energía proviene de fuentes inmediatas como son el ATP muscular, la PC o fosfocreatina y la glucosa. Hacer pesas, carreras de velocidad y ejercicios que requieran gran esfuerzo en poco tiempo. Producen un aumento de nuestra masa muscular si los realizamos de forma rutinaria, en su justa medida y combinándolo con una buena alimentación y descanso.

Elegir qué tipo de ejercicio nos va mejor depende de los objetivos que tengamos, aunque lo más recomendable es alternar y complementar ambos tipos, y así conseguir beneficios cardiovasculares y musculares. El aeróbico nos ayudará a quemar grasas y el anaeróbico a dar forma a nuestros músculos.

Aunque el ejercicio aeróbico queme inicialmente más kilocalorías a la hora de su realización, el ejercicio anaeróbico hará que nuestro metabolismo se acelere, provocando que en las horas posteriores a su realización, quememos más kilocalorías estando en reposo.

Combina rutinas y esfuerzos para lograr unos objetivos acordes a tus necesidades.